Activos habituales

En las entradas anteriores he escrito, principalmente, sobre la importancia del ahorro, la formación de un patrimonio, controlar nuestras finanzas y cómo han impactado los puntos anteriores en mi vida “económica”.

Si tenemos una buena dinámica en nuestras finanzas, el ahorro conllevará la acumulación de nuestros primeros activos. De los principales activos que tenemos a nuestra disposición quiero hablaros.

El más frecuente por su uso, conocido por todos y el más líquido, es el Dinero; es el medio de pago más aceptado en todo el mundo, dependiendo también de que divisa tengamos (no es lo mismo el dólar estadounidense que el bolívar venezolano). Por lo tanto, el dinero nos da facilidades para realizar los intercambios que hacemos en el día a día: comprar comida, pagar el metro, el recibo de la luz, ropa…

El dinero que no usemos, lo ahorraremos; ¿qué podemos obtener de él? si lo guardamos en el banco podremos obtener un tipo de interés sobre la cantidad depositada; si lo guardamos debajo del colchón, no. Esta conclusión no es una nimiedad: si no obtenemos nada por nuestro dinero ahorrado, estamos perdiendo dinero.

¿Por qué motivo? Por la inflación.

Inflación: es el aumento continuado en el nivel de los precios

Sabemos que, al menos en Europa, el objetivo del Banco Central Europeo es mantener una inflación del 2% anual. Toda su política monetaria está orientada hacia ese objetivo, los motivos son ahora secundarios. Pensad que vuestro gasto anual va a subir un 2%, cada año, si compráis las mismas cosas. Lo que que hoy os cuesta 100, el año que viene será 102, y el siguiente 104,04 y el siguiente 106,12 y así sucesivamente.

Si hemos ahorrado 100 y se quedan debajo del colchón, el año que viene seguiremos teniendo 100, y al siguiente, 100 también. Por lo tanto, al tercer año podremos comprar menos cosas con esos 100 euros, porque habrán subido de precio.

La mejor forma de defendernos ante la inflación es gestionar nuestros ahorros. Si tenemos dinero en el banco podremos obtener, hoy en día, una rentabilidad entre el 0% y el 0,5%. No superamos el 2% de la inflación, mal negocio.

Pero tenemos otras opciones: transformar el dinero en otros activos con los que podamos obtener rentabilidad más altas. ¿Qué otros activos son habituales en nuestra economía?

Vivienda: el activo español por antonomasia. Normalmente no pensamos en ella en términos de inversión porque la adquirimos para nuestro uso personal, pero deberíamos intentar, al menos, no comprarla muy cara. La vida da muchas vueltas y en un futuro podemos necesitar venderla, o alquilarla. Si la compra es aceptable, la vivienda nos defenderá de la inflación, ya que, a medio-largo plazo, se revaloriza a niveles similares a los de la inflación. A corto plazo, su precio sí que puede oscilar mucho más, tanto a favor como en contra. Como ya comenté, normalmente nos endeudamos para adquirirla, intentemos no hacerlo en gran medida.

Coche: si, el coche se considera un activo a efectos contables, pero ¿realmente lo es? ¿obtenemos un beneficio económico con su compra? Podemos dudar de ello. Lo que sí está claro es que es un activo que puede mejorar nuestra calidad de vida, ganar tiempo, darnos libertad de movimiento. Si, es necesario, pero permitidme dudar de él como activo al uso y pensad en todos los pasivos que trae asociados: seguro de coche, impuesto de circulación, mantenimiento, gasolina, ITV… Además, el coche ya pierde valor nada más salir del concesionario. Ojo con el coche: puede ser un activo necesario, pero difícilmente será un activo rentable.

Renta fija: incluyo aquí los principales activos financieros: letras del tesoro, obligaciones y bonos del estado. Simplificando, son pequeñas partes de un préstamo que le hacemos al Gobierno que ha emitido estos productos. Nosotros les entregamos dinero, y a cambio los políticos nos prometen un pequeño interés periódico y la devolución de la cantidad dentro de X meses/años.

La rentabilidad de estos productos dependerá de muchos factores: tipos de interés, duración, riesgo de crédito (¿nos devolverán el dinero prestado?)… Normalmente, a mayor duración mayor interés y volatilidad. Con estos productos tendremos una rentabilidad garantizada siempre que podamos esperar al vencimiento del producto, que pueden ser meses o años y si el Estado cumple su palabra (¿os fiais de los políticos?). Si queremos vender antes del vencimiento, podemos perder dinero, porque el valor de esas letras, bonos y obligaciones fluctúa cada día.

A mi modo de entender, pueden ser un producto útil en determinadas circunstancias; a corto plazo, nos pueden dar una rentabilidad superior a los depósitos bancarios. Si estamos dispuestos a mantener la inversión hasta vencimiento y a largo plazo, podemos defendernos de la inflación.

Planes de pensiones: producto de ahorro muy criticado y en muchos casos, mal entendido. La oferta bancaria de este producto le ha hecho mucho daño, por ser productos que han ofrecido una rentabilidad muy baja o negativa en la gran mayoría de casos, o por la mala planificación fiscal de algunas personas.

¿En qué consiste? En general, considerad que el dinero que aportamos a un plan de pensiones es dinero que no hemos ganado trabajando este año, a efectos de Hacienda. Por lo tanto, Hacienda nos devolverá en la declaración de la renta los impuestos que nos han retenido en la nómina sobre la cantidad aportada a los planes de pensiones. Por ejemplo, en mi caso, por cada 1000 euros que aporto a un plan de pensiones, Hacienda me devuelve 300 euros en la declaración de la renta.

A cambio, Hacienda no nos deja tocar las aportaciones en 10 años, salvo excepciones, y cuando rescate el plan en el futuro, Hacienda pedirá los impuestos de esos 1000 euros, como si los hubiera ganado en el momento del rescate. Estamos retrasando el pago de los impuestos, pero si lo planificamos bien, podremos pagar menos de lo que tendríamos que pagar hoy. Además, pagar 300 euros dentro de 25 años supone menos esfuerzo en términos de poder adquisitivo que pagar 300 euros hoy. La inflación también puede jugar a nuestro favor.

Además, la gestora que “cuida” del plan de pensiones invertirá el dinero acumulado en renta fija, renta variable o una combinación de ambos, intentando ofrecernos una rentabilidad sobre estos ahorros según nuestras preferencias, a cambio de una comisión. Evidentemente, la rentabilidad puede ser positiva o negativa.

Recomendación: elegid bien la gestora que gestiona el plan de pensiones, estudiad si lleva muchos años funcionando y qué rentabilidad han conseguido esos años. Diversificar es una buena opción, no meter todos los huevos en la misma cesta.

Fondos de inversión: son vehículos a través de los cuales compartimos con otros partícipes la propiedad de diferentes activos, principalmente renta fija y renta variable (acciones), normalmente una combinación de ambos. El dinero acumulado en el fondo se divide en participaciones; cuando aportamos dinero obtenemos un número determinado de participaciones y el valor de estas se recalcula al final de cada día, en función del valor que tienen los activos en los que invierte el fondo.

El fondo de inversión puede estar dirigido por un gestor de fondos, que es quien elige los activos que se compran y venden (gestión activa), o pueden estar referenciados a algún índice según la política que se haya fijado en el reglamento del fondo, por lo que puede no ser necesaria la intervención de un gestor (gestión pasiva). La gestión de estos fondos conlleva el cobro de un comisión a los partícipes, así como la intervención de la depositaria (básicamente, dónde se custodian y se contabilizan los activos propiedad del fondo). La comisión suele ser más alta en los fondos de gestión activa que en los de gestión pasiva.

Los fondos aportan algunas ventajas al partícipe:

  • Los fondos de renta variable pueden ofrecer una rentabilidad anual superior a la inflación en el largo plazo (hablamos de 5-8 años), si la gestión del fondo es correcta, o en el caso de fondos indexados a los principales índices mundiales.
  • Mientras no vendamos la participación no tributaremos por las ganancias. La participación puede ir subiendo su valor, pero no pagamos a hacienda mientras la tengamos en nuestro poder.
  • El participe no requiere tener unos conocimientos avanzados en los activos que se compran; delega esta función en el gestor a cambio de la comisión, que no excederá el 2,25% anual.

Inconvenientes o apartados a vigilar:

  • La comisión puede comerse la rentabilidad del fondo, si la gestión no es buena: conviene saber que rentabilidad ha obtenido el gestor del fondo en períodos anteriores, cuantos más años mejor. Se trata de conocer a quién le dejamos nuestro dinero para que lo gestione.
  • La volatilidad y el riesgo: la participación fluctúa de valor cada día, por lo que no es conveniente aportar dinero que vayamos a necesitar a corto plazo, para no vernos obligados a vender en mal momento.

Se podría escribir largo y tendido sobre los fondos de inversión, otros vehículos similares (ETF’s)… pero no es el objeto de esta entrada. Hoy solo quiero presentaros el instrumento y una introducción al mismo.

Renta variable: termino a propósito con este apartado, porque es el que tendrá mayor continuación en futuras entradas y es donde pretendo profundizar con el blog. La renta variable se refiere a las acciones que representan al capital de las empresas, algunas de las cuales cotizan en “la bolsa”. Es decir, comprando acciones de una empresa compramos parte de la propiedad de la misma; somos, un poco, dueños de sus negocios.

Si estas empresas obtienen beneficios, lo habitual es repartir una parte a sus propietarios, a lo que llamamos dividendo. Este importe puede fluctuar cada año, evidentemente, o no repartirse y quedarse dentro de la empresa, de ahí que estos instrumentos se consideren renta “variable”: la acción no garantiza un pago mensual o anual a su propietario, como si puede hacer la renta fija.

Las acciones cotizan en mercados financieros, conocidos como “la bolsa”, donde cualquiera de nosotros puede comprar o vender las acciones que cotizan en ellos, a través de nuestro broker (intermediario) o en la entidad financiera con la que trabajemos.

La renta variable ha ofrecido una rentabilidad anual histórica de un 6-7% en 200 años de historia, en su conjunto. Esta rentabilidad no está garantizada; además, podemos perder toda la inversión en una empresa si llega a la quiebra, o podemos multiplicar varias veces nuestra inversión si la empresa crece mucho.

Por lo tanto, el riesgo es que perdamos todo, si la empresa atraviesa graves dificultades o acaba en quiebra. No confundir con la volatilidad, que es la variación de precio que sufre una acción: ésta puede variar mucho de precio sin que haya pasado nada en la empresa, ni positivo ni negativo. Si invertimos en acciones hemos de aceptar esta volatilidad como parte del juego.

Hasta aquí llega la entrada de hoy, con los principales activos que podemos adquirir con nuestro dinero. Hay muchos más. Hoy quería introducir los principales y presentarlos, consciente de que se puede profundizar mucho más, pero no quería una entrada demasiado larga y tediosa.

Espero que la entrada haya quedado más o menos clara y que permita conocer alguna nueva opción a algunas personas. Por mi parte, he intentado diversificar mi patrimonio con una combinación de casi todos ellos.

Hasta la próxima entrada.

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Historia de mis activos

Activo: aquellos bienes o recursos que poseemos o controlamos, y de los que esperamos obtener un rendimiento futuro.

Como comentaba en la presentación del blog, soy una persona ahorradora. Ya en la época de estudiante, en la universidad, mi madre tenía la costumbre de darnos una pequeña cantidad de dinero a mi hermana y a mí. Eran unas 6.000 pesetas mensuales, poco antes de llegar el euro. La mayor parte de esa cantidad la destinaba a la gasolina del coche de segunda mano que me llevaba a la Universidad.

Yo ayudaba a mi padre en su trabajo como autónomo y él me daba otra pequeña cantidad y asumía el seguro anual del coche. El mayor lujo que me pude permitir en aquella época fue la flamante playstation que estaba en pleno apogeo. Aún así, pude ahorrar algo. Siempre guardaba algo, no me sentía a gusto si me quedaba sin dinero. Era algo que escaseaba en casa y lo percibí desde pequeño.

Al poco de acabar la carrera conseguí mi primer trabajo “oficial”. Podréis entender que aquella primera nómina de 900€ me pareció una fortuna. Vivía en casa de mis padres y no tenía que asumir gastos del hogar; mi madre, la cabeza de la casa, nunca nos pidió aportación, consciente de que ahorrabamos la mayor parte del sueldo y de que los años de mayor apuro económico habían pasado.

Durante los 4 años de mi primera etapa laboral, muy felices y en los que maduré en varios aspectos, seguí ahorrando, y “viviendo”, ya que salía más que en la época universitaria . Al final del cuarto año, gracias al ahorro y a la cuenta vivienda, había ahorrado unos 30.000 euros que en gran medida se destinarían a pagar la entrada de mi vivienda, tras la compra de mi actual coche.

Había transformado un activo, el dinero que rentaba a un buen tipo de interés en aquella época, en otro mucho más imponente. Y peligroso. Se puede decir que compré caro, pero al menos no fue en el pico de la burbuja. Por aquel entonces, desconocía mucho de lo que sé ahora, y, desde luego, no efectué un análisis apropiado de la compra. Mi pensamiento en aquella época era el habitual: “los pisos suben de precio cada año”, “se te va a escapar el tren”, “la cuota de la hipoteca será más baja que la del alquiler”… ¿os suena de algo?.

Echando la vista atrás, y dadas las circunstancias que se producirían después, posiblemente fue un error. Aún así, no salió mal del todo. Pero si supiera lo que sé ahora, no creo que repitiese la compra. La renta variable, bien enfocada, me aporta mucho más; hablaré de ello en otro momento. Sigamos con los activos.

Bien, ya tenía la vivienda, mi mayor activo. Y una hipoteca, un pasivo asociado de casi la misma magnitud que el valor del activo. Poco después me trasladaría a vivir a mi casa, coincidiendo con un cambio laboral a un puesto mucho más estable, pero peor pagado inicialmente. Volví a las nóminas de 1000-1100 euros, mientras que la hipoteca estaba por encima de los 700 euros. Tras pagar la entrada del piso, me había quedado con un par de miles de euros en la cuenta.

No sé muy bien cómo, pero seguí ahorrando; fueron dos o tres años algo austeros, por suerte mis hobbies son baratos: cine, leer, jugar a tenis y algún tapeo con los amigos no requieren mucho dinero. Tampoco tenía necesidades materiales ni caprichos caros, eso ayuda mucho, salvo algún viaje puntual al extranjero.

Y vuelta a la rueda del ahorro, de manera natural y sin ser excesivamente pretendida; el sueldo fue subiendo con los años, mientras que la hipoteca tuvo su punto álgido en 2009, para luego ir descendiendo poco a poco. Volvía a tener dos activos: mi vivienda y nuevos ahorros, que rentaban a un tipo de interés del 3-4%.

Aunque hubo cambios laborales, esta vez no repercutieron en mis ingresos, que se fueron incrementando durante la crisis, al contrario de lo que le ocurría a gran parte de la población; fueron años de mucho trabajo y crecimiento profesional, pero el detalle que supuso mayor cambió fue otro: cambiaba de ciudad.

Desde hace 7 años ya no vivo en mi ciudad natal. El desplazamiento supuso una nueva vivienda, esta vez alquilada e incluida en el sueldo, por lo que al poco tiempo surgió la oportunidad de alquilar la vivienda que tengo en propiedad (o propiedad del banco, como diría un buen amigo). Han sido unos años de mucho ahorro, pero sin dejar de hacer lo que me gustaba o apetecía, viajaba cuando salía una buena ocasión o salía a cenar de vez en cuando, pero sin entrar nunca en la carrera de la rata.

Carrera de la rata: dícese de aquella en que la rata, o sea, nosotros, incrementamos nuestros gastos en medida similar a como se incrementan nuestros ingresos, entrando en una dinámica de la que es muy difícil salir.

Resultado de imagen de carrera de la rata

Fueron unos años en los que me despreocupé de la economía, aunque era consciente de que seguía ahorrando a buen ritmo. El dinero acumulado lo iba pasando a depósitos bancarios, que en los últimos años rentaban por debajo del 1-2%.

Fue hace 4 años cuando me planteé cómo podía mejorar la rentabilidad: si los depósitos me daban un 0,5-1% de interés y las empresas históricas con sede en España estaban repartiendo dividendos anuales del 4-5%… ¿por qué no ir traspasando el saldo de los depósitos a las acciones?.

Esta vez tenía claro que si lo hacía, lo haría bien; tenía que aprovechar mis conocimientos en contabilidad como base para analizar las empresas en las que confiaría, leer mucho, tanto libros como blogs, para comprender no sólo la parte fundamental del análisis, sino también la psicológica. Aunque sea algo superficial, creo que ha sido muy útil leer las ideas, pensamientos y sentimientos de otros inversores, incluyendo aquellos con los que no comulgo. Incluso lo que piensan y cómo actúan, aquellos que especulan en base a análisis técnico.

Y desde hace esos 4 años, mis activos se han ido transformando; mantengo la vivienda, pero todos esos ahorros acumulados en el tiempo se han ido transformando en acciones, fondos de inversión y planes de pensiones de renta variable , hasta llegar a día de hoy.

Una idea que quería dejar clara en esta entrada es que aunque mis activos han ido cambiando con el tiempo, lo que me ha posibilitado conseguirlos es el ahorro continuo, aunque sea por inercia. Ese siempre es el principio, salvo excepciones.

En la siguiente entrada volveré a escribir sobre los activos, tanto los que podemos adquirir nosotros como aquellos más habituales en las empresas. Conocerlos es importante para poder valorar mejor una inversión, y sus riesgos, ya que unos buenos activos bien gestionados nos permitirán incrementar nuestro patrimonio neto.

Sin olvidar nunca que el mejor activo es uno mismo. Cuidense y aprendan.

Prim y el patrimonio

En la anterior entrada escribía sobre la importancia de tener una economía saneada, algo que queda reflejado en el valor de nuestro patrimonio y en el porcentaje que éste representa sobre el total de nuestros activos, reflejado en el ratio de solvencia.

Cuando analicemos una empresa, al igual que en una economía doméstica, prestaremos mucha atención al patrimonio para determinar si la empresa presenta un balance saludable, si está lo suficientemente capitalizada.

El patrimonio de una empresa está constituido principalmente por los fondos propios, que son aquellos importes que aportan los accionistas (capital y prima de emisión) más los beneficios acumulados que ha ido obteniendo la empresa en los años anteriores y que no se han repartido a los accionistas, los propietarios de la empresa, permaneciendo en la empresa (reservas). Por ello se denominan propios, distinguiéndose de los fondos ajenos (pasivos) que nos prestan terceros, como bancos, otras entidades financieras u empresas, bonistas, proveedores…

¿Por qué preferimos unos fondos propios elevados frente a los fondos ajenos? Porque el grado de exigibilidad de los ajenos es más elevado, son los primeros acreedores cuando hay problemas. Las deudas tienen fecha de devolución, el capital no. Además, los accionistas de la empresa son los últimos en cobrar en caso de disolución, si es que queda algo, por eso también es interesante deber poco dinero a terceros. Y esto es válido tanto para las empresas como para nuestra economía doméstica.

Siempre debemos vigilar la evolución del patrimonio neto de una empresa, al igual que en nuestra economía.

Quiero matizar que no hay absolutismos a la hora de analizar una empresa. Una empresa con un patrimonio que representa el 20% del total de los activos puede tener una situación más saneada que otra con un ratio del 35%. Hay más factores que influyen, especialmente el sector en el que se desenvuelve la empresa analizada. O también, el coste que tiene endeudarse (incrementar los fondos ajenos) o ampliar capital (pedir dinero a los accionistas)

Por ejemplo, sectores como el eléctrico, con unos ingresos muy estables cada año, pueden permitirse una deuda más elevada (mayor peso de los fondos ajenos), ya que tienen una visibilidad muy alta del beneficio que obtendrán los próximos años y saben que podrán cumplir con sus compromisos de pago. ¿Quién no paga su factura de la luz?.

Otros sectores más cíclicos, como por ejemplo el de la construcción, debe tener mucho más cuidado en este aspecto. Ya lo comprobamos en el año 2008.

Personalmente, a la hora de invertir, me da mucha tranquilidad que la empresa tenga un patrimonio elevado; indirectamente, eso conlleva que tiene una deuda con terceros reducida (préstamos, deudas con proveedores o con los empleados, con la administración, provisiones para gastos…), o que incluso pueda tener caja neta, cuando el dinero que hay en la tesorería (activo) es superior a las deudas financieras (pasivos). Ojo, que el patrimonio sea elevado no tiene nada que ver con que una empresa esté cara o barata en cuanto al precio de la acción, en ello tendrán influencia muchas otras cosas que no son objeto de esta entrada.

Lo que quiero dejar como idea es que un patrimonio elevado (medido en el ratio de solvencia ya comentado, Patrimonio Neto / Total Activos) es sinónimo de solvencia a corto/medio plazo. Salvo fraude o pasivos ocultos, con la solvencia adecuada la empresa no quebrará, protegiendo así nuestra inversión.

La empresa que tiene más peso en mi cartera es PRIM; os muestro su balance resumido y subrayo el porcentaje que representa el patrimonio neto sobre el total de activos (mi ratio de solvencia):

Fijaos como, anualmente, la sociedad mantiene un ratio por encima del 75% todos estos años; por lo tanto, los activos que tiene en 2017 (137.766 miles de euros) son más que suficientes para pagar la deuda que tiene con terceros: el pasivo no corriente (deudas a pagar dentro de 1 año o más, por importe de 2.918 miles) y el pasivo corriente (deudas que tenemos que pagar antes de 1 año, por importe de 28.781 miles).

Si mañana el Consejo de Administración quisiera cerrar la empresa podría liquidar perfectamente sus pasivos, aunque tuviera que malvender sus activos.

Fijaos además como la empresa ha conseguido incrementar el importe del patrimonio neto cada año; la empresa tiene un mayor valor contable cada año que pasa, lo que es requisito relevante para que el valor de la empresa crezca, al obtener beneficios cada año (el equivalente a nuestros ahorros).

Los beneficios/ahorros permiten incrementar el patrimonio; un mayor patrimonio nos permitirá conseguir activos que, bien gestionados, nos permitirán conseguir nuevos beneficios/ahorros, alimentando el círculo y fortaleciendo nuestra economía.

En resumen, valorad la importancia del patrimonio dentro de vuestra economía y de las empresas que sigáis.

Nota importante:
Esta información y toda la contenida en el blog tiene carácter meramente informativo y no constituye una oferta o recomendación de compra o venta de instrumentos financieros. Los lectores deben ser conscientes de que los valores e instrumentos financieros a que se refieren pueden no ser adecuados a sus objetivos de inversión, por lo que deben adoptar sus propias decisiones, procurándose a tal fin el asesoramiento especializado que consideren necesario.


El lector debe tener en cuenta que la evolución pasada de los valores e instrumentos o los resultados pasados de las inversiones no garantizan la evolución o resultados futuros.


Conceptos básicos: tu patrimonio

En anteriores entradas hacía referencia al ahorro del año 2018 y a las herramientas que utilizaba para controlarlo. Una vez cuantificado el importe ahorrado, podemos actualizar el cálculo de nuestro patrimonio.

¿Cómo calcular el patrimonio? Simplificando, sumaremos todo aquello que tenemos o controlamos (activos), y restaremos todo lo que debemos (pasivos). Al resultado, lo llamaremos patrimonio neto, concepto que sirve para medir nuestro nivel de riqueza.

Patrimonio Neto = Activos – Pasivos

O dicho de otra manera:

Activos = Patrimonio Neto + Pasivos

¿Qué elementos propios de una economía doméstica entrarían en la categoría de “Activo”? Pensad en todo aquello que tengáis y que podamos cuantificar en euros: vivienda, coche, parking, dinero en efectivo, depósitos, acciones, fondos de inversión, planes de pensiones, bonos u obligaciones del estado, dinero que hayáis prestado y que tengáis pendientes de cobro, ordenadores, colecciones de libros, electrónica… y muchos otros más.

Estos activos pueden cambiar de valor con el tiempo, evidentemente. Consigamos activos de calidad, que incrementen su valor con el paso del tiempo y evitemos en la medida de lo posible aquellos que pierden valor.

¿Cuáles serán nuestros “Pasivos“? Principalmente préstamos y deudas con tarjetas de crédito por aquellos saldos pendientes de pago. Muchos otros elementos formarán parte de nuestro pasivo circunstancialmente, ya que se generan y pagan en un espacio muy corto de tiempo:

  • Si tenemos vivienda: la cuota de la comunidad, recibos de suministros, la cuota de internet, seguros de la casa e impuestos…
  • Si tenemos coche: el seguro, impuesto de circulación, revisión anual en el taller, gasolina…
  • Si tenemos hijos: cuota del colegio / guardería, gastos por estudios, actividades extraescolares, ropa…
  • Y resto de compromisos que podamos tener con terceros.

Por lo tanto, cuanto mayor sea la diferencia entre nuestros activos y nuestros pasivos, mayor será nuestro patrimonio neto y nuestra salud financiera.

Veamos con un ejemplo como podemos llegar a calcular nuestro patrimonio neto:

Supongamos que una persona, a la que llamaremos Irene, de 38 años y activa laboralmente, se sienta a calcular cuál es su Patrimonio Neto y su balance de situación inicial. Veamos qué Activos y Pasivos posee o debe:

  • Tiene una casa, valorada hoy en 180.000€
  • Un parking, valorado hoy en 20.000€
  • Dinero en la cuenta corriente, unos 20.000€
  • Acciones, valoradas hoy en 5.000€
  • Un préstamo hipotecario, con una deuda pendiente de 50.000€
  • Deudas por tarjeta de crédito, por 1.200€

Remarco el hoy porque los activos debemos valorarlos a su precio de mercado. Si la casa la compramos por 100.000€, pero podemos venderla por 180.000€, este último es el valor que tendremos en cuenta, ya que buscamos reflejar la realidad de nuestro patrimonio. Si las acciones nos costaron 12.000€ y ahora podemos venderlas por 5.000€, pues lo mismo.

Esta es una diferencia importante con la contabilidad que realizan las empresas, ya que en sus balances no siempre presentan los activos a su precio de mercado (por ejemplo, en el caso de los inmuebles, que se presentan a su precio de compra menos una amortización anual, ya que, supuestamente, los inmuebles perderían valor a medida que son más antiguos).

Sigamos con el ejemplo.

¿Qué tiene Irene? ¿Qué debe? Veamos rápidamente cuál es su situación inicial:

Vemos que la suma total de los activos de Irene es de 225.000€: es lo que recibiría hoy si vendiese todo lo que tiene. Sus pasivos ascienden a 51.200€, lo que tendría que pagar hoy para cancelar el préstamo y la deuda de la tarjeta de crédito que tiene pendiente.

Por lo tanto, su patrimonio asciende a 173.800 €, la diferencia entre sus activos y sus pasivos, una cifra nada despreciable.

¿Dirían ustedes que Irene es una persona solvente? Seguro que sí. ¿Qué dato en el balance inicial nos confirma esto?

  • Una forma de medir la buena situación de Irene es la relación entre su PATRIMONIO NETO y sus ACTIVOS, lo que se conoce como Ratio de Solvencia. Veámoslo:

Cuanto mayor sea esta ratio, que oscilará entre -100% y 100%, mayor será nuestra salud financiera. ¿Qué quiere decir esta ratio? Que si mañana Irene decide vender todos sus bienes y cancelar todas sus deudas se quedaría con 77,24€ por cada 100€ que tenga de activo. Su solvencia es muy elevada.

¿Qué conclusiones podemos sacar de este ejemplo?

  • Es fundamental que nuestro PATRIMONIO NETO sea positivo: ello querrá decir que nuestros ACTIVOS son superiores a nuestros PASIVOS. Si ocurriera lo contrario, estaríamos en quiebra técnica y estaríamos asumiendo un riesgo muy alto, especialmente si hemos de devolver nuestra deuda en un corto espacio de tiempo.
  • Cuanto mayor sea nuestro PATRIMONIO NETO en relación a nuestros ACTIVOS, tendremos más solvencia y mayor seguridad financiera.

Normalmente, al inicio de nuestra vida laboral partimos de unos activos y pasivos muy reducidos, cercanos a valor cero (quizás algunos ahorros, un coche… poco más). Empezamos a ahorrar y, consecuentemente, acumulamos activos y generamos patrimonio.

¿Qué ocurre cuando compramos nuestra primera vivienda? Que utilizamos gran parte de este patrimonio generado los años anteriores para financiar la compra: usaremos el dinero acumulado (-activo) para pagar la entrada de la vivienda (+activo). La diferencia entre el precio de la vivienda que compramos y el dinero que hemos entregado en la entrada es, aproximadamente, el préstamo que necesitamos pedir al banco para poder asumir la compra (+pasivos).

En resumen, tenemos que:

  • Sube nuestro activo por el precio de compra de la casa
  • Baja nuestro activo, por el dinero que entregamos en la entrada y otros gastos de la compra (impuestos, notarios, bancos). Ya no lo tenemos.
  • Sube nuestro pasivo, por el préstamo que hemos solicitado al banco

Por lo tanto, en términos netos, tras la adquisición subirá tanto nuestro activo como nuestro pasivo, y el porcentaje que representa nuestro patrimonio neto sobre el total de nuestros activos se habrá reducido.

Veamos cómo impactaría una operación así en el balance de Irene, si suponemos que:

  • Compra un apartamento por 120.000€
  • Los gastos de la compra son 10.000€
  • Usa todo el efectivo que tenía para pagar la entrada (20.000€)
  • Pide un préstamo hipotecario para financiar la compra, de 110.000€

Su nuevo balance quedaría de la siguiente manera:

Observen que el total de activos propiedad de Irene ha pasado, tras la compra del apartamento, de 225.000€ a 325.000€. Los pasivos también se han incrementado, pasando de 51.200€ a 161.200€, por la nueva deuda.

En cambio, el patrimonio neto que tiene ahora Irene se reduce de 173.800€ a 163.800€, por los gastos que asume en la compraventa. Inicialmente, la operación le supone una pérdida patrimonial por los gastos derivados de la compra. Además, el ratio de solvencia de Irene pasa del 77,24% al 50,40%, se ha reducido. Esto se produce porque ha utilizado dinero ajeno (el préstamo) para financiar la compra y ahora tiene más compromisos. Esto es lo que se conoce como apalancarse. Cuidado con apalancarse demasiado.

Objetivo: incrementar nuestros activos y reducir nuestros pasivos, para poder así fortalecer  nuestro patrimonio y el ratio de  solvencia

A mi modo de ver, lo deseable para una economía doméstica es situar nuestro ratio de solvencia por encima del 40%-50%. ¿Por qué motivo? porque nuestros activos se pueden deteriorar y perder valor, mientras que las deudas siguen estando ahí. Imaginemos una vivienda comprada en el pico del ciclo inmobiliario y que a los cinco años se puede vender por un 70% de su precio original. Se ha depreciado un 30%, pero el préstamo que debemos es el mismo. Tenemos menor valor en nuestro activo mientras que el pasivo permanece en un valor similar. Si tenemos al menos un patrimonio neto del 40%-50% en nuestro balance, podremos absorber esta pérdida en caso de que sea necesario liquidar nuestro activo para devolver los pasivos.

Para poder soportar una situación así, es recomendable que nuestro ratio de solvencia sea elevado, porque de lo contrario el volumen de nuestros pasivos se podría comer el total de nuestros activos y estaríamos en problemas en caso de perder nuestros ingresos habituales (salario, otras rentas…). Podría darse la circunstancia de que aún vendiendo nuestros activos no podríamos cubrir nuestras deudas (pasivos), como le ha pasado a muchas familias en la reciente crisis económica.

A día de hoy, mi patrimonio supone un 74% del total de mis activos, aproximadamente, por lo que estoy en una posición financiera sana. Pero hace años, al comprar la casa, me situé en una posición de apalancamiento alto; el ratio de solvencia era inferior al 10%, y si hubiera perdido el trabajo y los ingresos durante un periodo largo hubiera tenido problemas. Esto ocurrió porque financié un % muy alto del precio de la vivienda, quedándome además sin apenas efectivo u otros activos. Afortunadamente, el ser una persona ahorradora me ha permitido reforzar mi patrimonio con el paso de los años. El ahorro es clave para ello, disculpad si insisto demasiado.

En resumen, os animo a realizar el ejercicio de calcular vuestro patrimonio y seguir su evolución en el tiempo, os llevará un par de minutos y con bolígrafo y papel es más que suficiente. Recordemos que los activos deben valorarse a precio de hoy (la vivienda y las acciones se pueden haber revalorizado con el tiempo, o no; un coche se habrá devaluado, sin duda).

En el futuro, al igual que con nuestra economía doméstica, cuando analicemos el balance de una empresa le daremos una gran importancia a la relación entre el patrimonio neto y el total de los activos para determinar la seguridad de una inversión. Del mismo modo, deberemos valorar la calidad/valor de los activos y pasivos que presentan en su balance, para comprobar si reflejan su valor real. Lo veremos más adelante.

Controla tus gastos (2): herramientas

Las cualidades principales que creo deben tener las herramientas que utilizo para controlar los ingresos y gastos son:

  • Cuanto más sencilla y simplificada mejor: si es complicada de gestionar o se excede en los detalles perdería el foco.
  • A mi me ayuda mucho el poder acceder fácilmente a la base de datos dónde apunto los movimientos de mis cuentas, ingresos y gastos. Si es accesible, da menos pereza.
  • Que me facilite información resumida en pocos segundos y con poco esfuerzo, sin dejar de ser completa.

La primera herramienta que utilizo es una aplicación vía web gratuita, que permite opciones de personalización y que cumple los puntos anteriores: su nombre es Contamoney.

Esta web permite llevar un control de tus finanzas de manera totalmente configurable, privada y desde cualquier punto. Sólo requiere crearse un usuario y listo. Yo utilizo principalmente el móvil para ir apuntando diariamente los cobros y pagos, así los puedo anotar al poco de realizarlos, desde el trabajo, el metro… y me olvido. Por supuesto, permite el acceso desde cualquier ordenador introduciendo el usuario y clave.

La aplicación es muy visual y permite automatizar movimientos periódicos, como puede ser el pago del préstamo, la comunidad, la nómina, Netflix… suelen ser los mismos importes cada mes y la aplicación los anotará por ti el día que tu le indiques de manera automática, no tenemos que introducirlos cada mes. Con un poco de trabajo previo nos ahorramos tiempo después.

Permite además introducir todas nuestras cuentas corrientes, tarjetas, préstamos y productos de inversión, para tener controlado el saldo en todo momento, ya que indicaremos que medio de pago hemos utilizado en cada movimiento. Estos tendrán asociados una categoría, para así poder obtener resúmenes a final de mes, trimestre, semestre o anualmente, con sólo pulsar un botón. Al final de mes, los saldos de las cuentas deben cuadrar con los saldos reales que tenemos en nuestra entidad financiera o broker, al menos en cuanto al efectivo.

Os muestro una imagen parcial de la pantalla principal, a modo de ejemplo:

Muy buen trabajo de los desarrolladores de este producto creado en España y que es muy sencillo de utilizar.

Esta sería la primera parte a la hora de controlar mis finanzas en cuanto a ingresos / gastos. La cuestión que me planteo en este punto es que es algo delicado depender de un proveedor externo a la hora de llevar el control. Los movimientos permanecerán en la web durante dos años, si no ampliamos a un plan de pago, luego los perderíamos.

Por ello, introduzco una segunda herramienta personal: el resumen mensual en excel. Una vez finalizado el mes y anotado todo en Contamoney , paso a excel un resumen de los datos obtenidos. Utilizo una pestaña por cada año, pestaña que a su vez está desglosada por meses, y donde anotaré los ingresos por conceptos, los gastos, el saldo final y, en cuadro posterior, las posiciones de mis cuentas corrientes, cuentas de valores, fondos de inversión y planes de pensiones, además de préstamos y fianzas.

De esta manera, tengo recogido en una sola pestaña la cuenta de Pérdidas y Ganancias y mi Balance de Situación personal, por mes y año, todo en una sola hoja.

Mejor que explicarlo, os dejo el excel que uso, preparado ya para el año 2019. Este excel queda cuadrado mensualmente con las anotaciones realizadas en la aplicación web que he explicado anteriormente. Los importes introducidos en el mes de enero son ficticios, a modo de ejemplo.

Y estas son mis herramientas. En cualquier caso, la idea que quiero dejar con el post es la importancia de tener controlado nuestros flujos de dinero: lo que entra, lo que sale y cuánto tenemos. La herramienta utilizada es secundario, es cosa vuestra, con la que os sintáis más cómodos.

Objetivo final: averiguar cuál es nuestro ahorro y poder analizar las categorías que lo componen, para poder optimizarlas si es posible.

En el futuro comentaré cómo configuro el excel para el control de la cartera de inversiones, que entraría en juego en una etapa posterior, una vez tengamos absolutamente controlados nuestros ingresos y gastos y nos dediquemos a rentabilizar el importe ahorrado.