El fondo de seguridad

Si ya somos capaces de ahorrar, antes de invertir hemos de prepararnos para ello de 3 maneras:

  • Psicológicamente: para que no nos afecten los vaivenes de los mercados, tanto bajadas como subidas pronunciadas. Estos movimientos tienen consecuencias emocionales (miedo, avaricia) que debemos aprender a controlar. No decidir con el estómago, sino con la cabeza.
  • Técnicamente: si vamos a adquirir un activo, conviene tener unos conocimientos básicos del mercado en el que se negocia ese activo: nadie en su sano juicio compraría una vivienda sin informarse antes del barrio o la ciudad, de la oferta que hay en viviendas similares, del estado de la vivienda… lo mismo ocurre con el resto de activos sea cuales sean: acciones, fondos de inversión, letras del tesoro, depósitos o plazos fijos, sellos, …
  • Financieramente: se menciona menos, pero también es importante, de ello hablo en esta entrada.

Nuestra economía viene muy marcada por el momento vital por el que pasamos: no estará en la misma situación una persona joven que empieza ahorrar con el objetivo de comprar una vivienda, que una persona mayor que pueda tener esta vivienda completamente pagada. O una persona que viva de alquiler y no tenga pensado adquirir vivienda en el futuro, en fin, hay mucha casuística. Cada persona o familia es un mundo.

Siempre que podamos ahorrar, lo primero que deberíamos pensar es en aquellos compromisos financieros que tengamos pensado asumir en los próximos años (compraré vivienda o no, necesito un coche nuevo o de segunda mano, pienso tener hijos en breve…). Si es el caso, nos va a interesar poder disponer de ese dinero comprometido en casi cualquier momento, por lo que no podemos arriesgarnos a grandes cambios en su valoración.

Por lo tanto, queremos que estas cantidades tengan una gran liquidez para poder hacer uso de ellas en el momento que lo necesitemos, buscando para ello productos financieros que se adapten a esta finalidad. La cantidad ya la tiene que decidir y estimar cada persona, en función de las necesidades o adquisiciones que espera tener en un futuro próximo (antes de 5 años).

Para algunos, se dará el caso de que no existen estas necesidades futuras; sería el caso de alguien que trabaja regularmente, con capacidad de ahorro, que ya tiene un coche que no necesita renovar próximamente, que tiene ya la casa comprada (aunque pague hipoteca) o alquilada, y que no tiene pensado tener hijos en breve. En definitiva, no tiene previstos gastos que no pueda asumir con el ahorro de sus próximas nóminas. Para esos casos, yo recomiendo al menos tener un fondo de seguridad que cubra posibles imprevistos como podrían ser la pérdida del trabajo, una enfermedad grave, reparación o cambio de un coche, reformas o derramas.

¿Qué importe sería el adecuado tener en el fondo de seguridad? Considero suficiente tener cubierto un año de nuestros gastos anuales. Si el año pasado gastamos 15.000 euros (alquiler o hipoteca, recibos de la casa, supermercado, transporte, comida, ocio, ropas, viajes…), pues esa es la cantidad que reservaría para el fondo de seguridad. Este importe se puede ajustar al alza o ligeramente a la baja en el caso de que nuestros gastos varíen mucho de un año para otro o si tenemos inestabilidad laboral o de ingresos.

¿Qué haremos con este dinero? Podríamos dejarlo apartado en una caja fuerte, cuenta de ahorro o depósito/plazo fijo (preferiblemente sin comisión de cancelación) o invertirlo en letras del tesoro que venzan en un corto plazo de tiempo. Accesible de un día para otro.

Para este fondo de seguridad buscaremos productos que nos den la mejor relación comodidad/rentabilidad y renunciaremos a productos más volátiles o de mayor riesgo.

¿Por qué no ampliar el fondo de seguridad a 3 o 5 años de gastos? Porque estaríamos incurriendo en un coste de oportunidad. Estaríamos destinando cantidades altas de dinero a productos que nos dan una baja rentabilidad y no baten a la inflación, lo cual no nos interesa de ninguna manera. Pensad que es dinero que no pensamos tocar salvo imprevisto, estaríamos pagando un coste por tenerlo disponible de hoy para mañana.

El dinero que tengamos ahorrado y que sobrepase el fondo de seguridad, lo que nos sobre, lo podemos destinar a la inversión en busca de mayor rentabilidad; al disponer de un fondo de seguridad, podemos aceptar mayor volatilidad o riesgo en el dinero que destinemos a invertir, ya que no nos veremos obligados a disponer del mismo salvo causa de fuerza mayor.

Una buena alternativa, para aquellos que quieran optimizar sus finanzas y ya tengan cierto colchón de seguridad, es combinar las dos partes del proceso: se puede ir constituyendo el fondo de seguridad con una parte de los ahorros y con otra parte ir invirtiendo en productos que nos permitan batir a la inflación y ganar poder adquisitivo.

El producto que considero más adecuado para ello es la renta variable, en alguna de sus variantes: acciones, fondos de inversión, etf’s y planes de pensiones. Hay otros nada desdeñables, como por ejemplo invertir en parkings, una segunda vivienda…

Seguiré con ello en la próxima entrada.

Activos habituales

En las entradas anteriores he escrito, principalmente, sobre la importancia del ahorro, la formación de un patrimonio, controlar nuestras finanzas y cómo han impactado los puntos anteriores en mi vida “económica”.

Si tenemos una buena dinámica en nuestras finanzas, el ahorro conllevará la acumulación de nuestros primeros activos. De los principales activos que tenemos a nuestra disposición quiero hablaros.

El más frecuente por su uso, conocido por todos y el más líquido, es el Dinero; es el medio de pago más aceptado en todo el mundo, dependiendo también de que divisa tengamos (no es lo mismo el dólar estadounidense que el bolívar venezolano). Por lo tanto, el dinero nos da facilidades para realizar los intercambios que hacemos en el día a día: comprar comida, pagar el metro, el recibo de la luz, ropa…

El dinero que no usemos, lo ahorraremos; ¿qué podemos obtener de él? si lo guardamos en el banco podremos obtener un tipo de interés sobre la cantidad depositada; si lo guardamos debajo del colchón, no. Esta conclusión no es una nimiedad: si no obtenemos nada por nuestro dinero ahorrado, estamos perdiendo dinero.

¿Por qué motivo? Por la inflación.

Inflación: es el aumento continuado en el nivel de los precios

Sabemos que, al menos en Europa, el objetivo del Banco Central Europeo es mantener una inflación del 2% anual. Toda su política monetaria está orientada hacia ese objetivo, los motivos son ahora secundarios. Pensad que vuestro gasto anual va a subir un 2%, cada año, si compráis las mismas cosas. Lo que que hoy os cuesta 100, el año que viene será 102, y el siguiente 104,04 y el siguiente 106,12 y así sucesivamente.

Si hemos ahorrado 100 y se quedan debajo del colchón, el año que viene seguiremos teniendo 100, y al siguiente, 100 también. Por lo tanto, al tercer año podremos comprar menos cosas con esos 100 euros, porque habrán subido de precio.

La mejor forma de defendernos ante la inflación es gestionar nuestros ahorros. Si tenemos dinero en el banco podremos obtener, hoy en día, una rentabilidad entre el 0% y el 0,5%. No superamos el 2% de la inflación, mal negocio.

Pero tenemos otras opciones: transformar el dinero en otros activos con los que podamos obtener rentabilidad más altas. ¿Qué otros activos son habituales en nuestra economía?

Vivienda: el activo español por antonomasia. Normalmente no pensamos en ella en términos de inversión porque la adquirimos para nuestro uso personal, pero deberíamos intentar, al menos, no comprarla muy cara. La vida da muchas vueltas y en un futuro podemos necesitar venderla, o alquilarla. Si la compra es aceptable, la vivienda nos defenderá de la inflación, ya que, a medio-largo plazo, se revaloriza a niveles similares a los de la inflación. A corto plazo, su precio sí que puede oscilar mucho más, tanto a favor como en contra. Como ya comenté, normalmente nos endeudamos para adquirirla, intentemos no hacerlo en gran medida.

Coche: si, el coche se considera un activo a efectos contables, pero ¿realmente lo es? ¿obtenemos un beneficio económico con su compra? Podemos dudar de ello. Lo que sí está claro es que es un activo que puede mejorar nuestra calidad de vida, ganar tiempo, darnos libertad de movimiento. Si, es necesario, pero permitidme dudar de él como activo al uso y pensad en todos los pasivos que trae asociados: seguro de coche, impuesto de circulación, mantenimiento, gasolina, ITV… Además, el coche ya pierde valor nada más salir del concesionario. Ojo con el coche: puede ser un activo necesario, pero difícilmente será un activo rentable.

Renta fija: incluyo aquí los principales activos financieros: letras del tesoro, obligaciones y bonos del estado. Simplificando, son pequeñas partes de un préstamo que le hacemos al Gobierno que ha emitido estos productos. Nosotros les entregamos dinero, y a cambio los políticos nos prometen un pequeño interés periódico y la devolución de la cantidad dentro de X meses/años.

La rentabilidad de estos productos dependerá de muchos factores: tipos de interés, duración, riesgo de crédito (¿nos devolverán el dinero prestado?)… Normalmente, a mayor duración mayor interés y volatilidad. Con estos productos tendremos una rentabilidad garantizada siempre que podamos esperar al vencimiento del producto, que pueden ser meses o años y si el Estado cumple su palabra (¿os fiais de los políticos?). Si queremos vender antes del vencimiento, podemos perder dinero, porque el valor de esas letras, bonos y obligaciones fluctúa cada día.

A mi modo de entender, pueden ser un producto útil en determinadas circunstancias; a corto plazo, nos pueden dar una rentabilidad superior a los depósitos bancarios. Si estamos dispuestos a mantener la inversión hasta vencimiento y a largo plazo, podemos defendernos de la inflación.

Planes de pensiones: producto de ahorro muy criticado y en muchos casos, mal entendido. La oferta bancaria de este producto le ha hecho mucho daño, por ser productos que han ofrecido una rentabilidad muy baja o negativa en la gran mayoría de casos, o por la mala planificación fiscal de algunas personas.

¿En qué consiste? En general, considerad que el dinero que aportamos a un plan de pensiones es dinero que no hemos ganado trabajando este año, a efectos de Hacienda. Por lo tanto, Hacienda nos devolverá en la declaración de la renta los impuestos que nos han retenido en la nómina sobre la cantidad aportada a los planes de pensiones. Por ejemplo, en mi caso, por cada 1000 euros que aporto a un plan de pensiones, Hacienda me devuelve 300 euros en la declaración de la renta.

A cambio, Hacienda no nos deja tocar las aportaciones en 10 años, salvo excepciones, y cuando rescate el plan en el futuro, Hacienda pedirá los impuestos de esos 1000 euros, como si los hubiera ganado en el momento del rescate. Estamos retrasando el pago de los impuestos, pero si lo planificamos bien, podremos pagar menos de lo que tendríamos que pagar hoy. Además, pagar 300 euros dentro de 25 años supone menos esfuerzo en términos de poder adquisitivo que pagar 300 euros hoy. La inflación también puede jugar a nuestro favor.

Además, la gestora que “cuida” del plan de pensiones invertirá el dinero acumulado en renta fija, renta variable o una combinación de ambos, intentando ofrecernos una rentabilidad sobre estos ahorros según nuestras preferencias, a cambio de una comisión. Evidentemente, la rentabilidad puede ser positiva o negativa.

Recomendación: elegid bien la gestora que gestiona el plan de pensiones, estudiad si lleva muchos años funcionando y qué rentabilidad han conseguido esos años. Diversificar es una buena opción, no meter todos los huevos en la misma cesta.

Fondos de inversión: son vehículos a través de los cuales compartimos con otros partícipes la propiedad de diferentes activos, principalmente renta fija y renta variable (acciones), normalmente una combinación de ambos. El dinero acumulado en el fondo se divide en participaciones; cuando aportamos dinero obtenemos un número determinado de participaciones y el valor de estas se recalcula al final de cada día, en función del valor que tienen los activos en los que invierte el fondo.

El fondo de inversión puede estar dirigido por un gestor de fondos, que es quien elige los activos que se compran y venden (gestión activa), o pueden estar referenciados a algún índice según la política que se haya fijado en el reglamento del fondo, por lo que puede no ser necesaria la intervención de un gestor (gestión pasiva). La gestión de estos fondos conlleva el cobro de un comisión a los partícipes, así como la intervención de la depositaria (básicamente, dónde se custodian y se contabilizan los activos propiedad del fondo). La comisión suele ser más alta en los fondos de gestión activa que en los de gestión pasiva.

Los fondos aportan algunas ventajas al partícipe:

  • Los fondos de renta variable pueden ofrecer una rentabilidad anual superior a la inflación en el largo plazo (hablamos de 5-8 años), si la gestión del fondo es correcta, o en el caso de fondos indexados a los principales índices mundiales.
  • Mientras no vendamos la participación no tributaremos por las ganancias. La participación puede ir subiendo su valor, pero no pagamos a hacienda mientras la tengamos en nuestro poder.
  • El participe no requiere tener unos conocimientos avanzados en los activos que se compran; delega esta función en el gestor a cambio de la comisión, que no excederá el 2,25% anual.

Inconvenientes o apartados a vigilar:

  • La comisión puede comerse la rentabilidad del fondo, si la gestión no es buena: conviene saber que rentabilidad ha obtenido el gestor del fondo en períodos anteriores, cuantos más años mejor. Se trata de conocer a quién le dejamos nuestro dinero para que lo gestione.
  • La volatilidad y el riesgo: la participación fluctúa de valor cada día, por lo que no es conveniente aportar dinero que vayamos a necesitar a corto plazo, para no vernos obligados a vender en mal momento.

Se podría escribir largo y tendido sobre los fondos de inversión, otros vehículos similares (ETF’s)… pero no es el objeto de esta entrada. Hoy solo quiero presentaros el instrumento y una introducción al mismo.

Renta variable: termino a propósito con este apartado, porque es el que tendrá mayor continuación en futuras entradas y es donde pretendo profundizar con el blog. La renta variable se refiere a las acciones que representan al capital de las empresas, algunas de las cuales cotizan en “la bolsa”. Es decir, comprando acciones de una empresa compramos parte de la propiedad de la misma; somos, un poco, dueños de sus negocios.

Si estas empresas obtienen beneficios, lo habitual es repartir una parte a sus propietarios, a lo que llamamos dividendo. Este importe puede fluctuar cada año, evidentemente, o no repartirse y quedarse dentro de la empresa, de ahí que estos instrumentos se consideren renta “variable”: la acción no garantiza un pago mensual o anual a su propietario, como si puede hacer la renta fija.

Las acciones cotizan en mercados financieros, conocidos como “la bolsa”, donde cualquiera de nosotros puede comprar o vender las acciones que cotizan en ellos, a través de nuestro broker (intermediario) o en la entidad financiera con la que trabajemos.

La renta variable ha ofrecido una rentabilidad anual histórica de un 6-7% en 200 años de historia, en su conjunto. Esta rentabilidad no está garantizada; además, podemos perder toda la inversión en una empresa si llega a la quiebra, o podemos multiplicar varias veces nuestra inversión si la empresa crece mucho.

Por lo tanto, el riesgo es que perdamos todo, si la empresa atraviesa graves dificultades o acaba en quiebra. No confundir con la volatilidad, que es la variación de precio que sufre una acción: ésta puede variar mucho de precio sin que haya pasado nada en la empresa, ni positivo ni negativo. Si invertimos en acciones hemos de aceptar esta volatilidad como parte del juego.

Hasta aquí llega la entrada de hoy, con los principales activos que podemos adquirir con nuestro dinero. Hay muchos más. Hoy quería introducir los principales y presentarlos, consciente de que se puede profundizar mucho más, pero no quería una entrada demasiado larga y tediosa.

Espero que la entrada haya quedado más o menos clara y que permita conocer alguna nueva opción a algunas personas. Por mi parte, he intentado diversificar mi patrimonio con una combinación de casi todos ellos.

Hasta la próxima entrada.

Historia de mis activos

Activo: aquellos bienes o recursos que poseemos o controlamos, y de los que esperamos obtener un rendimiento futuro.

Como comentaba en la presentación del blog, soy una persona ahorradora. Ya en la época de estudiante, en la universidad, mi madre tenía la costumbre de darnos una pequeña cantidad de dinero a mi hermana y a mí. Eran unas 6.000 pesetas mensuales, poco antes de llegar el euro. La mayor parte de esa cantidad la destinaba a la gasolina del coche de segunda mano que me llevaba a la Universidad.

Yo ayudaba a mi padre en su trabajo como autónomo y él me daba otra pequeña cantidad y asumía el seguro anual del coche. El mayor lujo que me pude permitir en aquella época fue la flamante playstation que estaba en pleno apogeo. Aún así, pude ahorrar algo. Siempre guardaba algo, no me sentía a gusto si me quedaba sin dinero. Era algo que escaseaba en casa y lo percibí desde pequeño.

Al poco de acabar la carrera conseguí mi primer trabajo “oficial”. Podréis entender que aquella primera nómina de 900€ me pareció una fortuna. Vivía en casa de mis padres y no tenía que asumir gastos del hogar; mi madre, la cabeza de la casa, nunca nos pidió aportación, consciente de que ahorrabamos la mayor parte del sueldo y de que los años de mayor apuro económico habían pasado.

Durante los 4 años de mi primera etapa laboral, muy felices y en los que maduré en varios aspectos, seguí ahorrando, y “viviendo”, ya que salía más que en la época universitaria . Al final del cuarto año, gracias al ahorro y a la cuenta vivienda, había ahorrado unos 30.000 euros que en gran medida se destinarían a pagar la entrada de mi vivienda, tras la compra de mi actual coche.

Había transformado un activo, el dinero que rentaba a un buen tipo de interés en aquella época, en otro mucho más imponente. Y peligroso. Se puede decir que compré caro, pero al menos no fue en el pico de la burbuja. Por aquel entonces, desconocía mucho de lo que sé ahora, y, desde luego, no efectué un análisis apropiado de la compra. Mi pensamiento en aquella época era el habitual: “los pisos suben de precio cada año”, “se te va a escapar el tren”, “la cuota de la hipoteca será más baja que la del alquiler”… ¿os suena de algo?.

Echando la vista atrás, y dadas las circunstancias que se producirían después, posiblemente fue un error. Aún así, no salió mal del todo. Pero si supiera lo que sé ahora, no creo que repitiese la compra. La renta variable, bien enfocada, me aporta mucho más; hablaré de ello en otro momento. Sigamos con los activos.

Bien, ya tenía la vivienda, mi mayor activo. Y una hipoteca, un pasivo asociado de casi la misma magnitud que el valor del activo. Poco después me trasladaría a vivir a mi casa, coincidiendo con un cambio laboral a un puesto mucho más estable, pero peor pagado inicialmente. Volví a las nóminas de 1000-1100 euros, mientras que la hipoteca estaba por encima de los 700 euros. Tras pagar la entrada del piso, me había quedado con un par de miles de euros en la cuenta.

No sé muy bien cómo, pero seguí ahorrando; fueron dos o tres años algo austeros, por suerte mis hobbies son baratos: cine, leer, jugar a tenis y algún tapeo con los amigos no requieren mucho dinero. Tampoco tenía necesidades materiales ni caprichos caros, eso ayuda mucho, salvo algún viaje puntual al extranjero.

Y vuelta a la rueda del ahorro, de manera natural y sin ser excesivamente pretendida; el sueldo fue subiendo con los años, mientras que la hipoteca tuvo su punto álgido en 2009, para luego ir descendiendo poco a poco. Volvía a tener dos activos: mi vivienda y nuevos ahorros, que rentaban a un tipo de interés del 3-4%.

Aunque hubo cambios laborales, esta vez no repercutieron en mis ingresos, que se fueron incrementando durante la crisis, al contrario de lo que le ocurría a gran parte de la población; fueron años de mucho trabajo y crecimiento profesional, pero el detalle que supuso mayor cambió fue otro: cambiaba de ciudad.

Desde hace 7 años ya no vivo en mi ciudad natal. El desplazamiento supuso una nueva vivienda, esta vez alquilada e incluida en el sueldo, por lo que al poco tiempo surgió la oportunidad de alquilar la vivienda que tengo en propiedad (o propiedad del banco, como diría un buen amigo). Han sido unos años de mucho ahorro, pero sin dejar de hacer lo que me gustaba o apetecía, viajaba cuando salía una buena ocasión o salía a cenar de vez en cuando, pero sin entrar nunca en la carrera de la rata.

Carrera de la rata: dícese de aquella en que la rata, o sea, nosotros, incrementamos nuestros gastos en medida similar a como se incrementan nuestros ingresos, entrando en una dinámica de la que es muy difícil salir.

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Fueron unos años en los que me despreocupé de la economía, aunque era consciente de que seguía ahorrando a buen ritmo. El dinero acumulado lo iba pasando a depósitos bancarios, que en los últimos años rentaban por debajo del 1-2%.

Fue hace 4 años cuando me planteé cómo podía mejorar la rentabilidad: si los depósitos me daban un 0,5-1% de interés y las empresas históricas con sede en España estaban repartiendo dividendos anuales del 4-5%… ¿por qué no ir traspasando el saldo de los depósitos a las acciones?.

Esta vez tenía claro que si lo hacía, lo haría bien; tenía que aprovechar mis conocimientos en contabilidad como base para analizar las empresas en las que confiaría, leer mucho, tanto libros como blogs, para comprender no sólo la parte fundamental del análisis, sino también la psicológica. Aunque sea algo superficial, creo que ha sido muy útil leer las ideas, pensamientos y sentimientos de otros inversores, incluyendo aquellos con los que no comulgo. Incluso lo que piensan y cómo actúan, aquellos que especulan en base a análisis técnico.

Y desde hace esos 4 años, mis activos se han ido transformando; mantengo la vivienda, pero todos esos ahorros acumulados en el tiempo se han ido transformando en acciones, fondos de inversión y planes de pensiones de renta variable , hasta llegar a día de hoy.

Una idea que quería dejar clara en esta entrada es que aunque mis activos han ido cambiando con el tiempo, lo que me ha posibilitado conseguirlos es el ahorro continuo, aunque sea por inercia. Ese siempre es el principio, salvo excepciones.

En la siguiente entrada volveré a escribir sobre los activos, tanto los que podemos adquirir nosotros como aquellos más habituales en las empresas. Conocerlos es importante para poder valorar mejor una inversión, y sus riesgos, ya que unos buenos activos bien gestionados nos permitirán incrementar nuestro patrimonio neto.

Sin olvidar nunca que el mejor activo es uno mismo. Cuidense y aprendan.

Prim y el patrimonio

En la anterior entrada escribía sobre la importancia de tener una economía saneada, algo que queda reflejado en el valor de nuestro patrimonio y en el porcentaje que éste representa sobre el total de nuestros activos, reflejado en el ratio de solvencia.

Cuando analicemos una empresa, al igual que en una economía doméstica, prestaremos mucha atención al patrimonio para determinar si la empresa presenta un balance saludable, si está lo suficientemente capitalizada.

El patrimonio de una empresa está constituido principalmente por los fondos propios, que son aquellos importes que aportan los accionistas (capital y prima de emisión) más los beneficios acumulados que ha ido obteniendo la empresa en los años anteriores y que no se han repartido a los accionistas, los propietarios de la empresa, permaneciendo en la empresa (reservas). Por ello se denominan propios, distinguiéndose de los fondos ajenos (pasivos) que nos prestan terceros, como bancos, otras entidades financieras u empresas, bonistas, proveedores…

¿Por qué preferimos unos fondos propios elevados frente a los fondos ajenos? Porque el grado de exigibilidad de los ajenos es más elevado, son los primeros acreedores cuando hay problemas. Las deudas tienen fecha de devolución, el capital no. Además, los accionistas de la empresa son los últimos en cobrar en caso de disolución, si es que queda algo, por eso también es interesante deber poco dinero a terceros. Y esto es válido tanto para las empresas como para nuestra economía doméstica.

Siempre debemos vigilar la evolución del patrimonio neto de una empresa, al igual que en nuestra economía.

Quiero matizar que no hay absolutismos a la hora de analizar una empresa. Una empresa con un patrimonio que representa el 20% del total de los activos puede tener una situación más saneada que otra con un ratio del 35%. Hay más factores que influyen, especialmente el sector en el que se desenvuelve la empresa analizada. O también, el coste que tiene endeudarse (incrementar los fondos ajenos) o ampliar capital (pedir dinero a los accionistas)

Por ejemplo, sectores como el eléctrico, con unos ingresos muy estables cada año, pueden permitirse una deuda más elevada (mayor peso de los fondos ajenos), ya que tienen una visibilidad muy alta del beneficio que obtendrán los próximos años y saben que podrán cumplir con sus compromisos de pago. ¿Quién no paga su factura de la luz?.

Otros sectores más cíclicos, como por ejemplo el de la construcción, debe tener mucho más cuidado en este aspecto. Ya lo comprobamos en el año 2008.

Personalmente, a la hora de invertir, me da mucha tranquilidad que la empresa tenga un patrimonio elevado; indirectamente, eso conlleva que tiene una deuda con terceros reducida (préstamos, deudas con proveedores o con los empleados, con la administración, provisiones para gastos…), o que incluso pueda tener caja neta, cuando el dinero que hay en la tesorería (activo) es superior a las deudas financieras (pasivos). Ojo, que el patrimonio sea elevado no tiene nada que ver con que una empresa esté cara o barata en cuanto al precio de la acción, en ello tendrán influencia muchas otras cosas que no son objeto de esta entrada.

Lo que quiero dejar como idea es que un patrimonio elevado (medido en el ratio de solvencia ya comentado, Patrimonio Neto / Total Activos) es sinónimo de solvencia a corto/medio plazo. Salvo fraude o pasivos ocultos, con la solvencia adecuada la empresa no quebrará, protegiendo así nuestra inversión.

La empresa que tiene más peso en mi cartera es PRIM; os muestro su balance resumido y subrayo el porcentaje que representa el patrimonio neto sobre el total de activos (mi ratio de solvencia):

Fijaos como, anualmente, la sociedad mantiene un ratio por encima del 75% todos estos años; por lo tanto, los activos que tiene en 2017 (137.766 miles de euros) son más que suficientes para pagar la deuda que tiene con terceros: el pasivo no corriente (deudas a pagar dentro de 1 año o más, por importe de 2.918 miles) y el pasivo corriente (deudas que tenemos que pagar antes de 1 año, por importe de 28.781 miles).

Si mañana el Consejo de Administración quisiera cerrar la empresa podría liquidar perfectamente sus pasivos, aunque tuviera que malvender sus activos.

Fijaos además como la empresa ha conseguido incrementar el importe del patrimonio neto cada año; la empresa tiene un mayor valor contable cada año que pasa, lo que es requisito relevante para que el valor de la empresa crezca, al obtener beneficios cada año (el equivalente a nuestros ahorros).

Los beneficios/ahorros permiten incrementar el patrimonio; un mayor patrimonio nos permitirá conseguir activos que, bien gestionados, nos permitirán conseguir nuevos beneficios/ahorros, alimentando el círculo y fortaleciendo nuestra economía.

En resumen, valorad la importancia del patrimonio dentro de vuestra economía y de las empresas que sigáis.

Nota importante:
Esta información y toda la contenida en el blog tiene carácter meramente informativo y no constituye una oferta o recomendación de compra o venta de instrumentos financieros. Los lectores deben ser conscientes de que los valores e instrumentos financieros a que se refieren pueden no ser adecuados a sus objetivos de inversión, por lo que deben adoptar sus propias decisiones, procurándose a tal fin el asesoramiento especializado que consideren necesario.


El lector debe tener en cuenta que la evolución pasada de los valores e instrumentos o los resultados pasados de las inversiones no garantizan la evolución o resultados futuros.