Historia de mis activos

Activo: aquellos bienes o recursos que poseemos o controlamos, y de los que esperamos obtener un rendimiento futuro.

Como comentaba en la presentación del blog, soy una persona ahorradora. Ya en la época de estudiante, en la universidad, mi madre tenía la costumbre de darnos una pequeña cantidad de dinero a mi hermana y a mí. Eran unas 6.000 pesetas mensuales, poco antes de llegar el euro. La mayor parte de esa cantidad la destinaba a la gasolina del coche de segunda mano que me llevaba a la Universidad.

Yo ayudaba a mi padre en su trabajo como autónomo y él me daba otra pequeña cantidad y asumía el seguro anual del coche. El mayor lujo que me pude permitir en aquella época fue la flamante playstation que estaba en pleno apogeo. Aún así, pude ahorrar algo. Siempre guardaba algo, no me sentía a gusto si me quedaba sin dinero. Era algo que escaseaba en casa y lo percibí desde pequeño.

Al poco de acabar la carrera conseguí mi primer trabajo “oficial”. Podréis entender que aquella primera nómina de 900€ me pareció una fortuna. Vivía en casa de mis padres y no tenía que asumir gastos del hogar; mi madre, la cabeza de la casa, nunca nos pidió aportación, consciente de que ahorrabamos la mayor parte del sueldo y de que los años de mayor apuro económico habían pasado.

Durante los 4 años de mi primera etapa laboral, muy felices y en los que maduré en varios aspectos, seguí ahorrando, y “viviendo”, ya que salía más que en la época universitaria . Al final del cuarto año, gracias al ahorro y a la cuenta vivienda, había ahorrado unos 30.000 euros que en gran medida se destinarían a pagar la entrada de mi vivienda, tras la compra de mi actual coche.

Había transformado un activo, el dinero que rentaba a un buen tipo de interés en aquella época, en otro mucho más imponente. Y peligroso. Se puede decir que compré caro, pero al menos no fue en el pico de la burbuja. Por aquel entonces, desconocía mucho de lo que sé ahora, y, desde luego, no efectué un análisis apropiado de la compra. Mi pensamiento en aquella época era el habitual: “los pisos suben de precio cada año”, “se te va a escapar el tren”, “la cuota de la hipoteca será más baja que la del alquiler”… ¿os suena de algo?.

Echando la vista atrás, y dadas las circunstancias que se producirían después, posiblemente fue un error. Aún así, no salió mal del todo. Pero si supiera lo que sé ahora, no creo que repitiese la compra. La renta variable, bien enfocada, me aporta mucho más; hablaré de ello en otro momento. Sigamos con los activos.

Bien, ya tenía la vivienda, mi mayor activo. Y una hipoteca, un pasivo asociado de casi la misma magnitud que el valor del activo. Poco después me trasladaría a vivir a mi casa, coincidiendo con un cambio laboral a un puesto mucho más estable, pero peor pagado inicialmente. Volví a las nóminas de 1000-1100 euros, mientras que la hipoteca estaba por encima de los 700 euros. Tras pagar la entrada del piso, me había quedado con un par de miles de euros en la cuenta.

No sé muy bien cómo, pero seguí ahorrando; fueron dos o tres años algo austeros, por suerte mis hobbies son baratos: cine, leer, jugar a tenis y algún tapeo con los amigos no requieren mucho dinero. Tampoco tenía necesidades materiales ni caprichos caros, eso ayuda mucho, salvo algún viaje puntual al extranjero.

Y vuelta a la rueda del ahorro, de manera natural y sin ser excesivamente pretendida; el sueldo fue subiendo con los años, mientras que la hipoteca tuvo su punto álgido en 2009, para luego ir descendiendo poco a poco. Volvía a tener dos activos: mi vivienda y nuevos ahorros, que rentaban a un tipo de interés del 3-4%.

Aunque hubo cambios laborales, esta vez no repercutieron en mis ingresos, que se fueron incrementando durante la crisis, al contrario de lo que le ocurría a gran parte de la población; fueron años de mucho trabajo y crecimiento profesional, pero el detalle que supuso mayor cambió fue otro: cambiaba de ciudad.

Desde hace 7 años ya no vivo en mi ciudad natal. El desplazamiento supuso una nueva vivienda, esta vez alquilada e incluida en el sueldo, por lo que al poco tiempo surgió la oportunidad de alquilar la vivienda que tengo en propiedad (o propiedad del banco, como diría un buen amigo). Han sido unos años de mucho ahorro, pero sin dejar de hacer lo que me gustaba o apetecía, viajaba cuando salía una buena ocasión o salía a cenar de vez en cuando, pero sin entrar nunca en la carrera de la rata.

Carrera de la rata: dícese de aquella en que la rata, o sea, nosotros, incrementamos nuestros gastos en medida similar a como se incrementan nuestros ingresos, entrando en una dinámica de la que es muy difícil salir.

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Fueron unos años en los que me despreocupé de la economía, aunque era consciente de que seguía ahorrando a buen ritmo. El dinero acumulado lo iba pasando a depósitos bancarios, que en los últimos años rentaban por debajo del 1-2%.

Fue hace 4 años cuando me planteé cómo podía mejorar la rentabilidad: si los depósitos me daban un 0,5-1% de interés y las empresas históricas con sede en España estaban repartiendo dividendos anuales del 4-5%… ¿por qué no ir traspasando el saldo de los depósitos a las acciones?.

Esta vez tenía claro que si lo hacía, lo haría bien; tenía que aprovechar mis conocimientos en contabilidad como base para analizar las empresas en las que confiaría, leer mucho, tanto libros como blogs, para comprender no sólo la parte fundamental del análisis, sino también la psicológica. Aunque sea algo superficial, creo que ha sido muy útil leer las ideas, pensamientos y sentimientos de otros inversores, incluyendo aquellos con los que no comulgo. Incluso lo que piensan y cómo actúan, aquellos que especulan en base a análisis técnico.

Y desde hace esos 4 años, mis activos se han ido transformando; mantengo la vivienda, pero todos esos ahorros acumulados en el tiempo se han ido transformando en acciones, fondos de inversión y planes de pensiones de renta variable , hasta llegar a día de hoy.

Una idea que quería dejar clara en esta entrada es que aunque mis activos han ido cambiando con el tiempo, lo que me ha posibilitado conseguirlos es el ahorro continuo, aunque sea por inercia. Ese siempre es el principio, salvo excepciones.

En la siguiente entrada volveré a escribir sobre los activos, tanto los que podemos adquirir nosotros como aquellos más habituales en las empresas. Conocerlos es importante para poder valorar mejor una inversión, y sus riesgos, ya que unos buenos activos bien gestionados nos permitirán incrementar nuestro patrimonio neto.

Sin olvidar nunca que el mejor activo es uno mismo. Cuidense y aprendan.

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