Activos habituales

En las entradas anteriores he escrito, principalmente, sobre la importancia del ahorro, la formación de un patrimonio, controlar nuestras finanzas y cómo han impactado los puntos anteriores en mi vida “económica”.

Si tenemos una buena dinámica en nuestras finanzas, el ahorro conllevará la acumulación de nuestros primeros activos. De los principales activos que tenemos a nuestra disposición quiero hablaros.

El más frecuente por su uso, conocido por todos y el más líquido, es el Dinero; es el medio de pago más aceptado en todo el mundo, dependiendo también de que divisa tengamos (no es lo mismo el dólar estadounidense que el bolívar venezolano). Por lo tanto, el dinero nos da facilidades para realizar los intercambios que hacemos en el día a día: comprar comida, pagar el metro, el recibo de la luz, ropa…

El dinero que no usemos, lo ahorraremos; ¿qué podemos obtener de él? si lo guardamos en el banco podremos obtener un tipo de interés sobre la cantidad depositada; si lo guardamos debajo del colchón, no. Esta conclusión no es una nimiedad: si no obtenemos nada por nuestro dinero ahorrado, estamos perdiendo dinero.

¿Por qué motivo? Por la inflación.

Inflación: es el aumento continuado en el nivel de los precios

Sabemos que, al menos en Europa, el objetivo del Banco Central Europeo es mantener una inflación del 2% anual. Toda su política monetaria está orientada hacia ese objetivo, los motivos son ahora secundarios. Pensad que vuestro gasto anual va a subir un 2%, cada año, si compráis las mismas cosas. Lo que que hoy os cuesta 100, el año que viene será 102, y el siguiente 104,04 y el siguiente 106,12 y así sucesivamente.

Si hemos ahorrado 100 y se quedan debajo del colchón, el año que viene seguiremos teniendo 100, y al siguiente, 100 también. Por lo tanto, al tercer año podremos comprar menos cosas con esos 100 euros, porque habrán subido de precio.

La mejor forma de defendernos ante la inflación es gestionar nuestros ahorros. Si tenemos dinero en el banco podremos obtener, hoy en día, una rentabilidad entre el 0% y el 0,5%. No superamos el 2% de la inflación, mal negocio.

Pero tenemos otras opciones: transformar el dinero en otros activos con los que podamos obtener rentabilidad más altas. ¿Qué otros activos son habituales en nuestra economía?

Vivienda: el activo español por antonomasia. Normalmente no pensamos en ella en términos de inversión porque la adquirimos para nuestro uso personal, pero deberíamos intentar, al menos, no comprarla muy cara. La vida da muchas vueltas y en un futuro podemos necesitar venderla, o alquilarla. Si la compra es aceptable, la vivienda nos defenderá de la inflación, ya que, a medio-largo plazo, se revaloriza a niveles similares a los de la inflación. A corto plazo, su precio sí que puede oscilar mucho más, tanto a favor como en contra. Como ya comenté, normalmente nos endeudamos para adquirirla, intentemos no hacerlo en gran medida.

Coche: si, el coche se considera un activo a efectos contables, pero ¿realmente lo es? ¿obtenemos un beneficio económico con su compra? Podemos dudar de ello. Lo que sí está claro es que es un activo que puede mejorar nuestra calidad de vida, ganar tiempo, darnos libertad de movimiento. Si, es necesario, pero permitidme dudar de él como activo al uso y pensad en todos los pasivos que trae asociados: seguro de coche, impuesto de circulación, mantenimiento, gasolina, ITV… Además, el coche ya pierde valor nada más salir del concesionario. Ojo con el coche: puede ser un activo necesario, pero difícilmente será un activo rentable.

Renta fija: incluyo aquí los principales activos financieros: letras del tesoro, obligaciones y bonos del estado. Simplificando, son pequeñas partes de un préstamo que le hacemos al Gobierno que ha emitido estos productos. Nosotros les entregamos dinero, y a cambio los políticos nos prometen un pequeño interés periódico y la devolución de la cantidad dentro de X meses/años.

La rentabilidad de estos productos dependerá de muchos factores: tipos de interés, duración, riesgo de crédito (¿nos devolverán el dinero prestado?)… Normalmente, a mayor duración mayor interés y volatilidad. Con estos productos tendremos una rentabilidad garantizada siempre que podamos esperar al vencimiento del producto, que pueden ser meses o años y si el Estado cumple su palabra (¿os fiais de los políticos?). Si queremos vender antes del vencimiento, podemos perder dinero, porque el valor de esas letras, bonos y obligaciones fluctúa cada día.

A mi modo de entender, pueden ser un producto útil en determinadas circunstancias; a corto plazo, nos pueden dar una rentabilidad superior a los depósitos bancarios. Si estamos dispuestos a mantener la inversión hasta vencimiento y a largo plazo, podemos defendernos de la inflación.

Planes de pensiones: producto de ahorro muy criticado y en muchos casos, mal entendido. La oferta bancaria de este producto le ha hecho mucho daño, por ser productos que han ofrecido una rentabilidad muy baja o negativa en la gran mayoría de casos, o por la mala planificación fiscal de algunas personas.

¿En qué consiste? En general, considerad que el dinero que aportamos a un plan de pensiones es dinero que no hemos ganado trabajando este año, a efectos de Hacienda. Por lo tanto, Hacienda nos devolverá en la declaración de la renta los impuestos que nos han retenido en la nómina sobre la cantidad aportada a los planes de pensiones. Por ejemplo, en mi caso, por cada 1000 euros que aporto a un plan de pensiones, Hacienda me devuelve 300 euros en la declaración de la renta.

A cambio, Hacienda no nos deja tocar las aportaciones en 10 años, salvo excepciones, y cuando rescate el plan en el futuro, Hacienda pedirá los impuestos de esos 1000 euros, como si los hubiera ganado en el momento del rescate. Estamos retrasando el pago de los impuestos, pero si lo planificamos bien, podremos pagar menos de lo que tendríamos que pagar hoy. Además, pagar 300 euros dentro de 25 años supone menos esfuerzo en términos de poder adquisitivo que pagar 300 euros hoy. La inflación también puede jugar a nuestro favor.

Además, la gestora que “cuida” del plan de pensiones invertirá el dinero acumulado en renta fija, renta variable o una combinación de ambos, intentando ofrecernos una rentabilidad sobre estos ahorros según nuestras preferencias, a cambio de una comisión. Evidentemente, la rentabilidad puede ser positiva o negativa.

Recomendación: elegid bien la gestora que gestiona el plan de pensiones, estudiad si lleva muchos años funcionando y qué rentabilidad han conseguido esos años. Diversificar es una buena opción, no meter todos los huevos en la misma cesta.

Fondos de inversión: son vehículos a través de los cuales compartimos con otros partícipes la propiedad de diferentes activos, principalmente renta fija y renta variable (acciones), normalmente una combinación de ambos. El dinero acumulado en el fondo se divide en participaciones; cuando aportamos dinero obtenemos un número determinado de participaciones y el valor de estas se recalcula al final de cada día, en función del valor que tienen los activos en los que invierte el fondo.

El fondo de inversión puede estar dirigido por un gestor de fondos, que es quien elige los activos que se compran y venden (gestión activa), o pueden estar referenciados a algún índice según la política que se haya fijado en el reglamento del fondo, por lo que puede no ser necesaria la intervención de un gestor (gestión pasiva). La gestión de estos fondos conlleva el cobro de un comisión a los partícipes, así como la intervención de la depositaria (básicamente, dónde se custodian y se contabilizan los activos propiedad del fondo). La comisión suele ser más alta en los fondos de gestión activa que en los de gestión pasiva.

Los fondos aportan algunas ventajas al partícipe:

  • Los fondos de renta variable pueden ofrecer una rentabilidad anual superior a la inflación en el largo plazo (hablamos de 5-8 años), si la gestión del fondo es correcta, o en el caso de fondos indexados a los principales índices mundiales.
  • Mientras no vendamos la participación no tributaremos por las ganancias. La participación puede ir subiendo su valor, pero no pagamos a hacienda mientras la tengamos en nuestro poder.
  • El participe no requiere tener unos conocimientos avanzados en los activos que se compran; delega esta función en el gestor a cambio de la comisión, que no excederá el 2,25% anual.

Inconvenientes o apartados a vigilar:

  • La comisión puede comerse la rentabilidad del fondo, si la gestión no es buena: conviene saber que rentabilidad ha obtenido el gestor del fondo en períodos anteriores, cuantos más años mejor. Se trata de conocer a quién le dejamos nuestro dinero para que lo gestione.
  • La volatilidad y el riesgo: la participación fluctúa de valor cada día, por lo que no es conveniente aportar dinero que vayamos a necesitar a corto plazo, para no vernos obligados a vender en mal momento.

Se podría escribir largo y tendido sobre los fondos de inversión, otros vehículos similares (ETF’s)… pero no es el objeto de esta entrada. Hoy solo quiero presentaros el instrumento y una introducción al mismo.

Renta variable: termino a propósito con este apartado, porque es el que tendrá mayor continuación en futuras entradas y es donde pretendo profundizar con el blog. La renta variable se refiere a las acciones que representan al capital de las empresas, algunas de las cuales cotizan en “la bolsa”. Es decir, comprando acciones de una empresa compramos parte de la propiedad de la misma; somos, un poco, dueños de sus negocios.

Si estas empresas obtienen beneficios, lo habitual es repartir una parte a sus propietarios, a lo que llamamos dividendo. Este importe puede fluctuar cada año, evidentemente, o no repartirse y quedarse dentro de la empresa, de ahí que estos instrumentos se consideren renta “variable”: la acción no garantiza un pago mensual o anual a su propietario, como si puede hacer la renta fija.

Las acciones cotizan en mercados financieros, conocidos como “la bolsa”, donde cualquiera de nosotros puede comprar o vender las acciones que cotizan en ellos, a través de nuestro broker (intermediario) o en la entidad financiera con la que trabajemos.

La renta variable ha ofrecido una rentabilidad anual histórica de un 6-7% en 200 años de historia, en su conjunto. Esta rentabilidad no está garantizada; además, podemos perder toda la inversión en una empresa si llega a la quiebra, o podemos multiplicar varias veces nuestra inversión si la empresa crece mucho.

Por lo tanto, el riesgo es que perdamos todo, si la empresa atraviesa graves dificultades o acaba en quiebra. No confundir con la volatilidad, que es la variación de precio que sufre una acción: ésta puede variar mucho de precio sin que haya pasado nada en la empresa, ni positivo ni negativo. Si invertimos en acciones hemos de aceptar esta volatilidad como parte del juego.

Hasta aquí llega la entrada de hoy, con los principales activos que podemos adquirir con nuestro dinero. Hay muchos más. Hoy quería introducir los principales y presentarlos, consciente de que se puede profundizar mucho más, pero no quería una entrada demasiado larga y tediosa.

Espero que la entrada haya quedado más o menos clara y que permita conocer alguna nueva opción a algunas personas. Por mi parte, he intentado diversificar mi patrimonio con una combinación de casi todos ellos.

Hasta la próxima entrada.

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