¿Por qué invierto en acciones?

Desde que era adolescente he estado ahorrando, por poco dinero que tuviera. Una vez que empecé a trabajar y a acumular una cantidad considerable, apartaba parte del dinero y lo traspasaba a depósitos bancarios, buscando una mayor rentabilidad. En los primeros años el objetivo del ahorro era tener una entrada para la compra de vivienda y un coche nuevo; una vez comprados la casa y el coche, seguí ahorrando y traspasando a nuevos depósitos, que en los últimos años fueron dando una rentabilidad muy reducida, inferior a la inflación.

Hace unos 5 años me planteé la situación: tenía que hacer algo con los ahorros y no conformarme con el 0,4% que me daban en el banco.

¿Pero qué hacer? Barajaba varias opciones:

  • Comprar una segunda vivienda: esta opción me venía grande, ya que aunque disponía de dinero para pagar entrada y gastos, sería necesario asumir una segunda hipoteca y apalancarme más. ¿Más deudas? No gracias. Eso me convertiría en esclavo del trabajo que tenía por aquel entonces, en un sector que pasaba por importantes turbulencias, demasiado arriesgado.
  • Amortizar mi primera hipoteca: la opción más recomendada por amigos, familiares y gestores de banca. No es una opción descabellada, pero en 2013 alquilé mi vivienda dado que me había trasladado a vivir a otra ciudad, por lo que ya no disponía de la deducción fiscal por vivienda habitual y nos encontrábamos en un entorno de tipos de interés bajos, que se ha ido acentuando con el paso de los años. La hipoteca me salía muy barata… como decía Kiyosaki, no tengáis prisa por pagar si no os conviene a vosotros. Actualmente pago un 0,20% por el préstamo hipotecario, cuando obtengo un 8% aprox. de rentabilidad por el dinero que invierto, así que estoy convencido que hice bien no amortizando anticipadamente. El banco puede esperar.
  • Comprar uno o varios parkings: está opción me parecía bastante más atractiva. Es relativamente fácil comprar parkings y alquilarlos obteniendo un 5-6% de rentabilidad bruta sobre el precio de compra. La adquisición de parking no exige un desembolso tan alto como una vivienda, tiene menos gastos de mantenimiento y da poco trabajo. Además, adquirir varios parkings permite tener “los huevos repartidos en diferentes cestas”; si alguien no paga no te va a hundir la economía, como si podría pasar con una vivienda. Pero había un inconveniente: encontré una alternativa mejor.

Las acciones

Cuando me planteaba las opciones de inversión, el primer pensamiento que me vino a la cabeza sobre la renta variable fue el siguiente: si hay empresas españolas con décadas de existencia, que reparten entre un 4-6% de rentabilidad anual mediante la entrega de dividendos, ¿por qué no comprar las acciones de estas empresas y obtener estas rentas? Daba igual si su precio subía o bajaba, si me seguían repartiendo parte de las ganancias que obtenían en forma de dividendo.

Las acciones presentaban algunas características que me gustaban:

  • La rentabilidad por dividendo comentada, era el punto fuerte. Eso pensaba al principio.
  • Podía comprar acciones con apenas unos pocos euros, con bajos costes en forma de comisiones.
  • Las acciones las podía vender de un día para otro; si necesitaba el dinero, podría liquidar rápidamente las posiciones.
  • Cuando compras acciones, te conviertes en copropietario de una empresa que posee muchos tipos diferentes de activos reales: locales, oficinas, maquinaria, contratos financieros de seguro o préstamo, flotas de coches o aviones, productos farmacéuticos, licencias de software… si la empresa desaparecía algún día, al menos había algo tangible detrás del “papelito” que es la acción.

Evidentemente, no me iba a meter a comprar acciones a lo loco. Tenía que entender y saber cómo funciona la empresa, como gana dinero, los riesgos a los que está sometido… en definitiva, hablar su idioma. Y el idioma principal de las empresas es la contabilidad y los ratios financieros, de lo cual tenía conocimientos. Buen punto de partida, pero tenía mucho que aprender. Y lo que me queda.

Tenía que aprender a valorar la empresa, cuando está barata y cuando está cara, si quería que la compra se hiciera en condiciones favorables, lo que llamamos “margen de seguridad”. Si os vendo un Iphone a 50€, sabéis que está barato y que lo podréis vender mañana por un importe muy superior. Lo mismo tenía que hacer con las acciones.

Además, tenía que asumir que cometería errores, por lo que tenía que diversificar la compra de las que iban a ser mis acciones. No tenía el tiempo suficiente para estudiar con la profundidad que me gustaría cada empresa, ni el sector en el que se desenvuelve. No iba a meter todo el dinero a la misma empresa, de igual manera que no debemos apostar todo nuestro dinero a un sólo número. Los errores que iba a cometer no me podían condenar.

Hasta aquel momento, mis pocas operaciones bursátiles habían sido por instinto, gráficos, prensa, recomendaciones… pero yo no sabía realmente lo que estaba comprando, ni cuando tendría que venderlo. No era capaz de estimar el valor de una empresa.

También era importante saber que el terreno de juego era propicio, pese al miedo que nos meten los medios al respecto. Invertir en bolsa es rentable si se está dispuesto a esperar el tiempo necesario y se hace con algo de cabeza, y no porque lo dijera yo, sino porque los números no engañan.

La rentabilidad anual del IBEX 35 con dividendos en los últimos 24 años ha sido del 7,77% anual bruto:

Alguien que invirtiera 10.000€ en el IBEX 35 en 1995, hoy tendría aproximadamente 55.000€, sin incluir las comisiones que pudieran aplicarse (que deberían ser inferiores al 1% anual en el caso de indexarnos a un índice). Sírvase de ejemplo, teniendo en cuenta que el IBEX 35 no es ni de lejos el índice más rentable, lo que podríamos haber conseguido, simplemente por no hacer nada. Sólo esperar.

En cualquier caso, mi intención no era invertir en el índice, en todas las empresas que componen el IBEX. Quería seleccionar empresas nacionales buenas y baratas, y olvidarme de aquellas que estuvieran peor gestionadas o caras. Tenían que ser nacionales, porque las conocemos más, las tenemos en nuestras calles y en nuestras casas, la cercanía es importante, especialmente al comienzo. No quería plantearme otros mercados como USA o Reino Unido si no conocía el mercado doméstico, lo tomaba como parte del aprendizaje.

En cualquier caso, las primeras compras fueron las típicas del inversor español: BME, Mapfre, Repsol, ACS… muchas de ellas permanecen en cartera, pero mi opinión sobre ellas ha evolucionado con el tiempo.

Con la perspectiva de estos 5 años, estoy aún más convencido de que hice bien: la rentabilidad de la cartera a día de hoy es del 8%, penalizada por la evolución de las posiciones en los fondos de inversión y a que he mantenido una liquidez elevada en estos años de aprendizaje. ¿Os imagináis la rentabilidad si hubiera dejado ese dinero en el banco? No quiero ni pensarlo.

Es una satisfacción ver como los dividendos que me abonan aumentan año tras año en un porcentaje relativamente elevado, suponiendo ya un muy buen complemento a la nómina, aunque a día de hoy ya no valoro tanto el dividendo y si como aumenta el valor de la empresa de la que soy copropietario.

Seguiré hablando de acciones y empresas en próximas entradas.

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